LA ABSTENCIÓN ACTIVA EXPERSIÓN DE RECHAZO AL DESBARAJUSTE






Los sistemas políticos deberían servir a la gente, no la gente a los sistemas.

Ante la incapacidad del los gobernantes de conducir estos pueblos por el camino de sus esperanzas, se nota un desprecio en el ciudadano del común a las actitudes y medidas políticas que afectan la vida diaria de los gobernados. La complejidad del mundo moderno requiere de un sistema de servicios públicos que garantice al ciudadano, la satisfacción de sus necesidades. Y ese ha sido la incapacidad y el olvido histórico de una clase política que desconoce los fines esenciales del Estado, entre otros es el de proveer estos servicios en condiciones de calidad, eficiencia y fácil acceso. El pueblo puede cambiar el curso del desbarajuste de esas élites, haciendo uso de sus derechos legales y constitucionales mediante la: Abstención Activa, como una forma de rechazo a esa clase política.

Por ese desbarajuste hemos visto como en estos pueblos del litoral Caribe Colombiano, se presentan protestas, en San Onofre, San Juan Nepomuceno, San Jacinto, El Carmen de Bolívar, Malagana, en los montes de maría; También en departamentos como Atlántico por el olvido de del gobierno con los afectados por la reciente ola invernal y sigue la lista de departamentos, regiones enteras y municipios que tienen un factor común en sus protestas: “El olvido de los gobernantes con ese pueblo que los eligió para dirigir sus destinos”. Y lo peor como respuesta a estas reclamaciones y acumulados sociales de muchos años, el establecimiento delegó la solución al último invento de mandinga: ESMAD, (Escuadrón móvil antidisturbios), que representan más la expresión de regímenes y satrapías de barbarás Naciones que la interpretación de a esos reclamos en la tierra del olvido.

Los estudios electorales identifican tradicionalmente la abstención electoral con la ausencia del ejercicio del derecho de sufragio activo, es decir, con el no acudir a votar en un proceso electoral determinado. Esta abstención electoral puede tener su origen en una discrepancia radical con el régimen político (o, incluso, con la democracia), en los que no se desea participar de ninguna forma, en un desinterés por la política o en un convencimiento de que nada puede cambiar realmente gane quien gane las elecciones, entre los principales motivos que fundamentarían esta actitud.

En cualquier caso, se caracteriza por la no participación en el proceso electoral, por ser una abstención no participante, que consiste precisamente en un no hacer, en un no votar. Por esa razón, prefiero denominarla abstención pasiva (eludiendo otras posibles adjetivaciones.

Sin embargo, la abstención electoral a la que me refiero hasta aquí no agota las posibilidades abstencionistas de un potencial elector en un proceso electoral determinado. Abstenerse electoralmente no significa tan sólo no votar o no participar en las elecciones. También puede significar no expresar preferencia por ninguna de las opciones electorales concurrentes. Por supuesto, el no votar ya implica la no expresión de preferencia alguna. Pero, y aquí estaría el matiz diferencial importante, también es posible no expresar ninguna preferencia y, sin embargo, no dejar de participar en el proceso electoral, porque manifestar preferencia y votar no son ni acciones idénticas ni sinónimos. Se trata, qué duda cabe, también de una abstención electoral, pero de una abstención distinta de la anterior y de otro orden, de una abstención participante, que yo denomino abstención activa (eludiendo también, del mismo modo que en el caso de antes y por idénticos motivos, otras posibles adjetivaciones, como sería abstención positiva, y utilizando el término en un sentido muy distinto al que tendría, por ejemplo, en la expresión derecho de sufragio activo, derecho a votar). Esta abstención electoral ha sido tradicionalmente algo descuidada en los estudios electorales y no ha merecido la atención específica que, a mi juicio, requiere.

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Es decir, la abstención activa, a diferencia de la pasiva, no cuestiona los procesos electorales democráticos, sino todo lo contrario. Sin embargo, plantea problemas tales como la validez de los actuales cauces de participación democrática en las sociedades de nuestros días y, en particular, de los partidos políticos en cuanto tales y como la idoneidad de los sistemas de garantías de las minorías frente a las mayorías y de los sistemas de control del poder político, y pone de relieve algunas graves disfuncionalidades democráticas, por ejemplo, la denominada partitocracia. En definitiva, puede llegar a convertirse en mayor medida que la abstención pasiva y, sobre todo, con mayor legitimidad que ella, en una necesaria señal de alerta, en un imprescindible indicador del aumento más allá de los umbrales tolerables de los déficits democráticos de una determinada sociedad.

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