Mas del Procurador mas corrupto del planeta
Los falsos positivos de la Procuraduría
Por: Ramiro
Bejarano Guzmán
Siendo alcalde de Medellín, Alonso
Salazar sostuvo un agrio enfrentamiento con un candidato a sucederlo, por
cuenta del cual hizo comentarios en Twitter y entregó declaraciones y
fotografías al diario El Colombiano que dejaban al descubierto apoyos no ortodoxos
que estaba recibiendo ese aspirante a la Alcaldía.
Tales declaraciones y reacciones de Salazar fueron la respuesta
legítima de un funcionario atacado injustamente por un político en trance de
ser elegido alcalde. Aunque Salazar jamás pidió votar a favor o en contra de
nadie en particular, a la Procuraduría y a los esbirros de Ordóñez les pareció
que el alcalde había incurrido en falta gravísima por intervención en política
y lo destituyeron fulminantemente en un proceso verbal, inhabilitándolo para
ejercer cargos públicos por 12 años.
Dos años después de esa destitución, que por supuesto causó
daños a Salazar, el Consejo de Estado, con ponencia del magistrado Gustavo
Gómez Aranguren, declaró la nulidad de lo decidido por la Procuraduría. No se
trató de una ilegalidad decretada por detalles menores, sino por motivos que
hablan muy mal de la Procuraduría y que a muchos nos confirmó que a Salazar no
lo destituyeron por intervenir en política.
En efecto, el Consejo de Estado consideró que la decisión de la
Procuraduría estuvo falsamente motivada tanto desde el punto de vista jurídico
como por indebida valoración y calificación de las pruebas y, como si fuera
poco, que la sanción impuesta fue desproporcionada. Dicho en términos más sencillos:
cuando un funcionario toma una decisión invocando falsas motivaciones, es
porque deliberadamente ha mentido y prevaricado.
¿Cómo puede ser posible que donde la Procuraduría encontró a
Salazar responsable de falta gravísima, el Consejo de Estado apenas vio una
falta leve culposa? ¿Cómo puede ocurrir que a la Procuraduría le parezca que
Salazar intervino en política, mientras el Consejo de Estado concluyó que no?
¿Cómo, a los ojos del Consejo de Estado, Salazar fue apenas imprudente, y a los
del procurador, un violador de la ley? ¿Cómo puede ocurrir que mientras Ordóñez
consideró que había que destituir a Salazar y privarlo de sus derechos
políticos durante 12 años, el Consejo de Estado concluyó que apenas merecía una
amonestación para que no volviera a hacer declaraciones similares?
La respuesta es obvia. A Salazar no lo destituyeron por
intervenir en política, sino porque como alcalde apoyó la Clínica de la Mujer,
que a los ojos del retardatario procurador es una fábrica de abortos, sin ser
ello cierto. Las evidencias de ese proceder son archiconocidas, pues la
delegada para la Familia, Ilva Myriam Hoyos, otra fanática al servicio de las
pasiones religiosas de su jefe y las suyas propias, no ahorró esfuerzo para
torpedear e incomodar la única clínica para la mujer que funcionaba bien en
Colombia.
Si la densa sentencia del Consejo de Estado hubiese ahondado en
establecer cuáles fueron las reales motivaciones para destituir a Salazar,
seguramente habría encontrado que la Procuraduría diseñó primero un conjunto de
hostilidades para impedir que la Clínica de la Mujer en Medellín cumpliera su
papel reparador y protector de mujeres desvalidas, al extremo que marchitó esa
institución, y luego cobró venganza del alcalde que osó desafiar el inmenso
poder de los rezanderos que sancionan e inhabilitan de por vida a quienes no se
pliegan a su fe intolerante.
En buen romance, lo que se decidió al tumbar esta aberrante
destitución de Salazar es lo más parecido a concluir que prevaricaron el jefe
del ministerio público y su banda. Esa es la Procuraduría a la que nadie
respeta pero que todo el mundo le teme, porque es capaz de cualquier cosa para cumplirle
a la fe ultracatólica y a los delirios de un procurador indecente, que ahora
pretende minimizar su imborrable falta alegando que la revocatoria de su
arbitrariedad con el exalcalde de Medellín son simples gajes del oficio. ¡Qué
cinismo!
Adenda. Ciudad Panamá está a punto de inaugurar el metro,
mientras en Bogotá seguimos amarrados al desastre del Transmilenio.
Tomado de: Diario El espectador http://www.elespectador.com/opinion/los-falsos-positivos-de-procuraduria-columna-483749

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