Cartagena de Indias Sitiada por los Ingleses (1741)
SITIO
DE CARTAGENA DE INDIAS (1741)
Don
Almirante y héroe de la Armada y del Imperio Español.
Retrato del Museo Naval de Madrid.
El sitio o
batalla de Cartagena de Indias, del 13 de marzo al 20 de mayo de 1741, fue el
episodio decisivo que marcó el desenlace de la guerra del Asiento (1739–1748),
uno de los conflictos armados entre España y Gran Bretaña ocurridos durante el
siglo XVIII. La victoria de las fuerzas españolas, al mando del teniente
general de la Armada Blas de Lezo, prolongó la supremacía militar española en
el continente americano hasta el siglo XIX.
Antecedentes
En la época
constituía para los británicos una prioridad el disponer de plazas fuertes en
tierra firme en el Golfo de México, que querían convertir en británico y en el
que ya disponían de algunas islas, siendo Jamaica la principal de ellas. El
poder español a escala europea llevaba 70 años en claro declive, por lo que
Inglaterra no estaba dispuesta a seguir aceptando unas condiciones enormemente
desventajosas para ellos en lo que al comercio americano se refería. A pesar de
aquella legalidad establecida como resultado de guerras pasadas, el contrabando
por parte de mercantes ingleses era constante, y no era la primera vez que
militares británicos intentaban poner pie en la costa, atacando ciudades o
puertos poco protegidos, algunas veces con éxito momentáneo, pero al final los
territorios siempre eran reconquistados por los españoles.
El Rey Británico JORGE II.
Dentro de este
panorama, los problemas del contrabando y el corso en el Mar Caribe afectaban
por igual a ambas potencias, aunque con ventaja española. Los ingleses
reconocen haber capturado 231 buques españoles frente a 331 británicos
capturados por los españoles, hasta septiembre de 1741, mientras que los
recuentos españoles hablan de 25 frente a 186, aunque a pesar de la gran
discordancia de cifras, ambos recuentos reconocen ventaja para los españoles.
Y precisamente
uno de los muchos problemas de contrabando, ocurrido en 1738 frente a las
costas de Florida, fue el utilizado por Gran Bretaña como pretexto para tratar
una vez más de arrebatar a España sus posesiones americanas. El incidente que
traería tan terribles consecuencias, se produjo cuando un guardacostas español,
La Isabela, al mando del capitán Julio
León Fandiño, apresó a un capitán contrabandista británico, Robert Jenkins,
y en castigo le cortó una oreja al tiempo que le decía: «Ve y dile a tu rey que
lo mismo le haré si a lo mismo se atreve». A pesar de que el castigo fue
moderado dadas las costumbres de la época, Jenkins recogió su oreja y la metió
en un frasco de alcohol, regresando a Inglaterra con ella.
En octubre de
1739, tras conocerse el incidente de la oreja, y haber mostrado Jenkins el
tarro en el Parlamento británico, se consideró la frase de Fandiño una ofensa
al rey Jorge II, merecedora de la declaración de guerra a España; es decir, una
ocasión más para tratar de conseguir el ansiado predominio de los mares y la
posesión de los ingentes recursos naturales del Virreinato de Nueva Granada.
Por ello, este conflicto bélico también es conocido con el nombre de «guerra de
la Oreja de Jenkins».
Iniciando las
hostilidades en noviembre de 1739, el almirante sir Edward Vernon atacó con 6
buques la plaza de Portobelo en el istmo de Panamá. La plaza estaba defendida
por tan solo 700 hombres, por lo que el éxito de Vernon fue absoluto (este
suceso da nombre a la calle Portobello Road, en Londres). Mientras, las fuerzas
del comodoro Anson, con el navío Septentrión y dos buques menores acosaban las
colonias del Pacífico Sur, como maniobra de distracción, pero sin producir
daños apreciables. Como fin último, Anson tenía la misión de apoyar desde la
costa del Pacífico una futura operación militar en el istmo de Panamá que
tendría como objetivo cortar las comunicaciones terrestres entre el Virreinato
de Nueva Granada y el de Nueva España, para iniciar acto seguido la conquista
británica de Nueva Granada.
Tras ese
triunfo inicial, Vernon, envuelto en un clima de euforia, y azuzado por la
opinión pública británica y por las incendiarias proclamas del joven
parlamentario William Pitt, decidió dar un golpe decisivo, para lo que reunió
una formidable flota de 186 buques, con 27 600 hombres, armada con 2000
cañones, que salió desde Port Royal (Jamaica) y fondeó a principios de marzo de
1741 junto a la costa de Cartagena de Indias, la ciudad más importante del
Caribe, a la que llegaban todas las mercancías del comercio entre España y las
Indias, incluyendo los tesoros extraídos de las minas de Potosí (actual
Bolivia) y el Perú.
La ciudad
estaba gobernada por el Virrey Sebastián de Eslava y defendida militarmente por
uno de los más geniales soldados que haya dado España, el teniente general Blas
de Lezo, marino con experiencia en batallar con los británicos y los piratas
africanos, que ya había demostrado sobradamente sus condiciones como estratega,
pero que disponía solamente de unos 3.600 hombres y de una flota de seis
buques: el Galicia, el San Carlos, el San Felipe, el África, el Dragón y el
Conquistador.
En una carta
fechada en Portobelo el 27 de noviembre de 1739, Vernon comenta a Lezo que ha
dado un excelente trato a los prisioneros a pesar de que no lo merecían. Lezo
le responde en carta fechada el 24 de diciembre del mismo año a bordo del
Conquistador en un tono seco, arrogante y desafiante, y se despide de él no sin
antes espetarle:
Puedo
asegurarle a Vuestra Excelencia, que si yo me hubiera hallado en Portobelo, se
lo habría impedido, y si las cosas hubieran ido a mi satisfacción, habría ido
también a buscarlo a cualquier otra parte, persuadiéndome de que el ánimo que
faltó a los de Portobelo, me hubiera sobrado para contener vuestra cobardía.
Los asaltantes,
al mando del general Woork, se organizaron en tres columnas de granaderos y
varias compañías de casacas rojas. En vanguardia iban los esclavos jamaicanos
armados con un simple machete. El avance era lento debido al gran peso de
artillería que transportaban y al continuo fuego que salía de las trincheras y
desde lo alto de la fortaleza, además de que estaban expuestos en una gran
explanada; no obstante, lograron alcanzar las murallas. Pero Blas de Lezo,
previendo este ataque, había ordenado cavar un foso en torno a la muralla, con
lo que las escalas se quedaron cortas para superar el foso y la muralla,
quedando los atacantes desprotegidos y sin saber qué hacer. Los españoles
continuaron con su nutrido fuego, lo que provocó una gran masacre en las filas
invasoras.
A la mañana
siguiente, pudieron verse innumerables cadáveres, heridos y mutilados en los
alrededores de la fortaleza, poniéndose de manifiesto la gravísima derrota
británica. Los españoles aprovecharon para cargar a bayoneta provocando la huida
de los británicos. Los españoles lograrían matar a cientos de ellos y hacerse
con los pertrechos que abandonaron los sitiadores tras la huida.
Vernon no tuvo
más remedio que retirarse a los barcos. Ordenó durante treinta días más un
continuo cañoneo, ya que todavía no aceptaban la derrota. Sin embargo, las
enfermedades y la escasez de provisiones empezaban a hacer mella en lo que
quedaba de tropa. Finalmente, el Alto Mando británico ordena la retirada, de
forma lenta y sin cesar de cañonear. Las últimas naves partieron el 20 de mayo.
Tuvieron que incendiar cinco de ellas por falta de tripulación.
Los británicos
tuvieron entre 8000 y 10 000 muertos y unos 7500 heridos, muchos de los cuales
murieron en el trayecto a Jamaica. En Cartagena había sucumbido la flor y nata
de la oficialidad imperial británica. Además perdieron 1500 cañones e
innumerables morteros, tiendas y todo tipo de pertrechos. 17 buques de guerra
resultaron seriamente dañados,12 aunque no se perdió ninguno.13 Esto suponía un
serio revés para la flota de guerra británica, que quedó prácticamente
desmantelada y tardó mucho en reponerse.
Mientras
tanto, en Gran Bretaña se estuvo celebrando la «victoria» sin conocerse aún el
desastroso final. Se acuñaron hasta once tipos diferentes14 de medallas y
monedas conmemorativas ensalzando la toma de Cartagena por parte de las fuerzas
angloamericanas. Una de ellas mostraba a Lezo arrodillado ante Vernon,
entregándole su espada y con la inscripción «El orgullo de España humillado por
Vernon».15 Estas llegaron a circular por España para la burla de los españoles.
En 1742, Vernon, enterado de la muerte de Lezo, rondó de nuevo Cartagena, pero
no se atrevió a atacar.
Los británicos
empezaron a preguntarse cuándo volverían los navíos y hombres que faltaban, y
se descubrió la verdad, por lo que el rey Jorge II, avergonzado, prohibió a sus
cronistas que hicieran mención alguna de tal suceso. Vernon murió en 1757.
En conjunto,
la guerra reportó escasos éxitos y muchos problemas a Gran Bretaña, ya que al
fracaso de Cartagena de Indias se sumaron varias derrotas cuando los británicos
trataron de tomar San Agustín (Florida), La Guaira, Puerto Cabello, Guantanamo
y La Habana. No obstante, el contraataque español en la batalla de Bloody
Marsh, en Georgia, pudo ser repelido y por ello los combates finalizaron sin
cambios fronterizos en América. Por su parte España consiguió mantener sus
territorios, y prolongar su supremacía militar en América durante algunas
décadas más.
Como resultado
de esta batalla España fortaleció el control de su Imperio en América durante
70 años más aproximadamente y con él la prolongación de la rivalidad marítima
entre españoles, franceses y británicos hasta comienzos del siglo XIX. Para el
Reino Unido, las consecuencias a medio plazo fueron mucho más graves. Gracias a
esta victoria sobre los británicos, España pudo mantener unos territorios y una
red de instalaciones militares en el Caribe y el Golfo de México que serían
magistralmente utilizados por el teniente coronel Bernardo de Gálvez para jugar
un papel determinante en la independencia de las colonias británicas de
Norteamérica, durante la llamada guerra de independencia estadounidense, en
1776. La Guerra del Asiento se fundiría más tarde en la Guerra de Sucesión
Austríaca, por lo que Gran Bretaña y España no firmaron la paz hasta el Tratado
de Aquisgrán, en 1748.
España renovó
tanto el derecho de asiento como el navío de permiso con los británicos, cuyo
servicio se había interrumpido durante la guerra. Sin embargo, esta restitución
duraría apenas dos años, ya que por el Tratado de Madrid (1750), Gran Bretaña
renunció a ambos a cambio de una indemnización de 100.000 libras. Estas
concesiones, que en 1713 parecían tan ventajosas (y constituyeron unas de las
cláusulas del Tratado de Utrecht), se habían tornado prescindibles en 1748.
Además, entonces ya parecía claro que la paz con España no duraría demasiado
(se rompió de nuevo en 1761, al sumarse los españoles a la Guerra de los Siete
Años en apoyo de los franceses), así que su pérdida no resultaba para nada
catastrófica.
Una curiosa
consecuencia de esta campaña fue la que se derivó del oficial británico,
Lawrence Washington, quien había participado en el sitio. Dio a su hacienda en
Virginia (hoy Estados Unidos), el nombre de Mount Vernon, en honor a su
almirante. Esa hacienda quedó posteriormente en manos del medio hermano de
Lawrence, George Washington, líder revolucionario norteamericano y primer
presidente de los Estados Unidos de América, por lo que Mount Vernon es hoy un
emplazamiento histórico.


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