RADIOGRAFÍA DEL SEXO: LAS DUDAS DE UN ADOLESCENTE

El acceso a la genitalidad es muchas veces complejo y la masturbación o la homosexualidad aparecen como un refugio sereno, en especial para la masculinidad. Los adolescentes pueden llegar a crear situaciones patológicas al llegar a la vida adulta.
Por la Dra. Francis Darthom, psicosexóloga.


La masturbación es una forma de manifestaión sexual de los jovenes 



Más de una vez hemos comentado que la adolescencia es la época por excelencia en que los afectos y las ideas surgen en forma contradictoria. Un pensamiento o un sentimiento sostenido con firmeza un día, puede convertirse en el contrario absoluto al día siguiente, sin el menor inconveniente para el adolescente, pero para gran sorpresa de los adultos que lo rodean. La sexualidad no queda ajena a estos avatares y el surgimiento de tendencias diversas es múltiple. El acceso a la genitalidad heterosexual suele ser complejo y muchas veces la masturbación o la homosexualidad aparecen como un refugio sereno, en especial para la masculinidad. Veamos el caso de Antonio, un chico de diecisiete años, que llega a la consulta asustado por su sexualidad:

No sé si estoy equivocado o no, pero a mí me gusta pensar las cosas y resolverlas. Bueno, eso es lo que digo, la verdad es que pienso más de lo que resuelvo, pero por pensar no creo que haga mal a nadie. Mis padres están muy preocupados por mí y deben creer que soy tonto. Tal vez no estén desacertados, pero será mejor que usted me de su opinión. Desde hace unos años, desde que tuve mi primera eyaculación, vamos, encuentro mucho placer en masturbarme. Durante bastante tiempo resolví este asunto del sexo, en soledad y no tenía motivos de queja. No es que no me gusten las chicas, pero las noto como agresivas. No sé, al menos las de mi pandilla, van siempre diciendo cosas y gastando bromas que me ponen hasta rojo de vergüenza. A mí, esos chistes y esos tacos me parecen perfectos entre tíos. Por esa raz6n, por más que una tía me excitara, me las apañaba para disfrutar con su imagen y a veces hasta con su foto, si es que la conseguía, pero de decirle algo a ella, nada. Cuando íbamos a las discotecas, yo me quedaba hablando con algún chico porque ya sé que las tías siempre están esperando que uno les haga algo. Hace cerca de un año, mis padres estaban pasando un fin de semana en casa de unos amigos y mi hermana y yo nos quedamos porque teníamos exámenes. Ella tiene tres años más que yo y es muy guapa. Pero hasta ese momento, yo no me había dado cuenta del cuerpo que tenía. Todo ocurrió un sábado por la noche. Ella invitó a su novio a cenar y los tres pasamos un rato agradable. Bebimos champán y todo. Hacia la medianoche, dije que me iría a dormir porque había estudiado desde muy temprano y estaba agotado. Me fui a mi dormitorio, tal como había dicho, pero cuando me acosté, se me fue el sueño. Me vinieron ganas de salir, por lo que me vestí para largarme a dar una vuelta. Al pasar por la sala, me detuve para saludar a mi hermana y su novio, pero desde luego no los pude saludar ya que estaban muy entretenidos. Los dos estaban completamente desnudos, sobre la alfombra y ella chupaba su miembro viril como si se tratara de un helado. Me quedé de piedra, y a que no me imaginaba que mi hermana hiciera esas cosas. Estuve largo rato mirando y cuando creí que estaban por terminar su sesión, me marché. Mi estado no podía ser de mayor excitación, recordaba cada parte del cuerpo de mi hermana y hasta las de él. Esos pensamientos me turbaban y me daban ganas de violar a la primera que pasaba. Caminé mucho tiempo hasta que tomé una determinación: había llegado mi hora de inaugurarme y lo haría esa misma noche. Mi padre me había dejado suficiente dinero por si deseaba ir al cine, a bailar o lo que quisiera, para despejarme la cabeza en medio de tanto examen. Con mi pene totalmente erecto, me acerqué a una prostituta joven y nos fuimos a un hotel. La verdad es que ella no se preocupó demasiado por excitarme y a mí en el momento preciso de penetrarla, se me fue toda la erección. Pasé un mal rato y no pude hacer nada. Después de esta experiencia espantosa, estuve varias semanas sin tener la menor preocupación por el sexo. Por mi, me lo podían quitar y yo, tan tranquilo. Ni mujeres, ni masturbarme, ni nada. Una tarde sonó el timbre y fui a atender, era el novio de mi hermana. Era verano, y llevaba una camisa bastante abierta que dejaba ver los pelillos de su pecho. Eran abundantes y negros. Recordé los de su sexo y una excitación inigualable me recorrió todo el cuerpo hasta llegar a mi pene que quedó erecto. Me llené de vergüenza y subí a mi cuarto a masturbarme. No podía dejar de pensar en su cuerpo desnudo rozándose con el de mi hermana. Durante bastante tiempo me la pasé mirando a mis amigos y pensando que yo era un homosexual nato. Hasta que un día apareció Emilia. Era una de aquellas chavalas divertidas pero no groseras. Además guapísima. Me enamoré de ella y me olvidé de todos mis rollos homosexuales. Me costó mucho invitarla a salir y una vez que lo logré, no me atrevía a tocarla. Ella trajo el tema y sin ningún escrúpulo, me invitó a cenar a su casa, un fin de semana en que sus padres estarían fuera. Desde luego, no pude menos que pensar en lo de mi hermana y su novio. Era una clara invitación para acostarnos. A pesar de sus intenciones, no ocurrió nada.. No me animé a desnudarla y todo lo hice con nuestras ropas puestas. Ella esperaba algo más, pero a mí me resultó imposible avanzar, así que a una hora prudencial, me volví a mi casa. Los padres de Emilia compraron una casa fuera de la ciudad y se pasaban los fines de semana arreglando el chalet. Esto venía de maravilla a Emilia que siempre ponía la excusa de sus estudios y se quedaba en la ciudad, conmigo, desde luego. Pero de todos modos, por más facilidades que teníamos, encuentro mil obstáculos para concretar nuestra relación sexual. No es que no la desee, me extrae mucho. Ya le he dicho que es muy guapa y muy cachonda, pero a la hora del amor, surgen inconvenientes de mi parte. A veces, no hay manera de que se me empalme. Otras veces, mi erección es perfecta pero no puedo penetrarla, no sé qué tiene pero no entra. Otras veces está con la regla y yo no soporto el olor y el lío que esa chica tiene ahí abajo. Así van pasando los días y no llego a desvirgarla ni me inauguro yo. Como le he dicho, me gusta pensar las cosas. Sugerí a mis padres visitar a un especialista y no se opusieron. Creo que ellos piensan que estoy muy mal. La verdad es que no me aclaro. No sé qué pensar de mí. No sé si soy homosexual, heterosexual, voyeur, un masturbador nato. No sé nada.

La imposibilidad que Antonio encuentra en concretar su primer coito, está relacionada con la misma causa que lo hace tener fantasías homosexuales un día, refugiarse en el más puro ascetismo, o bien, complacerse en la masturbación solitaria. Lo que ocurre con este joven es que su sexualidad posee una gran energía y potencia pero en el momento de arribar a la satisfacción, esa sexualidad se enfrenta a rígidos principios que no le permiten gozar. Sin embargo, él se siente muy libre y cree que no tiene prejuicio alguno. No obstante, no se puede hablar de situación patológica en este caso. Hay un desenfreno sexual que coexiste con una importante inhibición, pero todo transcurre en una personalidad normal. Antonio necesita en forma urgente una orientación psicológica que le permita organizar sus deseos y llevarlos a cabo.

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